Cuento como mis mejores regalos de este año poder saborear un poquito más la gratitud. En general mi imperfección es más lo que me amarga la vida que lo que me la edifica. Sin embargo, últimamente me he encontrado con unos nuevos sabores que logra percibir mi alma, sabores de gratitud. ¿Cómo es posible que esta persona me quiera a pesar de que yo soy…, a pesar que hago esto… o dejo de hacer aquello…? Encontrarme con su afecto como no me las puedo creer. De verdad. Surge como una cosquillita en el alma, como una duda hermosa, será posible que a pesar de…., esta persona me haga sentir ese cariño tan bonito?

En esa cosquillita de gratitud se disuelve mucha culpabilidad perfeccionista.  Dentro de ese laberinto por donde tiene que andar el alma, he encontrado un camino que me llena de sonrisas y suspiros (que pena no los puedo evitar). Que me hace sentir un poco más liviano y creativo. Es demasiado hermoso encontrarme con la gente que abraza mi ingratitud. Todos en mi amada familia, comenzando por mi madre, mi mujer, mis hijos, (hasta alguna “ex” jajaja) Yo sé que me han faltado mil detalles para con todos, mil saludos, mil como estás, mil te quiero. Y siguen ahí tan firmes: brindándome su cariño. Y si llego al mundo de los amigos, ahí si que no puedo más que taparme la cara. Amigos que hace meses (y años) he dejado de saludar, de compartir y encontrarme con un holaaaaaaaa alegre y un abrazo tan cálido !!  Y claro que como lo voy a negar: con todo aquel que ha venido a este sitio. Son demasiados con quienes siento esa complicidad, esa amabilidad, esa calidez (bastante inmerecida) que me sostiene lo suficiente para seguir en pie.

Creo que así es como los ángeles nos sostienen.

Dios me los bendiga.

Gratitud bienvenida a este 2020!!

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